Lecciones de moda y propiedad intelectual.


Recientemente en TED han publicado dos conferencias sobre derechos de propiedad intelectual. En ambas, se habla sobre los beneficios derivados de la cultura mash-up, de la remezcla, de tomar ideas de un sitio y otro para crear algo nuevo, mientras, al mismo tiempo, se respeta al autor reconociéndole como tal.

La primera de ellas corre a cargo de Lawrence Lessig, padre de las licencias Creative Commons, y que ya ha aparecido citado por aquí. En esta ocasión, nos  habla sobre la aparente paradoja por la que los republicanos apoyan el libre uso de las creaciones intelectuales, mientras que los demócratas son partidarios de la regulación a ultranza de los contenidos.

Pero hoy, en homenaje a Madame Bovary, voy a quedarme con la segunda de ellas, en la que Johanna  Blakley, nos habla sobre la cultura de libertad que reina en el mundo de la moda. Se trata, probablemente, de la única actividad artística en la que no existen derechos de autor y en la que, mientras se respete la marca, puede copiarse lo que sea.

La lógica que opera tras la protección via copyright establece que sin la existencia de una propiedad y protección para la explotación de una creación, no hay ningún incentivo para innovar, lo que ocasionaría graves perjuicios para nuestra economía y para la sociedad. Sin embargo, nadie diría que  la industria de la moda, en la que no es aplicable el copyright no obtenga beneficios.

Blakley nos explica que, precisamente por carecer de defensa contra la copia, los diseñadores de moda han sido capaces de elevar un diseño utilitario (ropa meramente para cubrir nuestros cuerpos desnudos) en algo que consideramos arte. Gracias a la libertad, ha sido posible que se generara una verdadera ecología de la creatividad.

La copia tiene un montón de virtudes:
  1. Nos proporciona más opciones, y eso, es bueno: tenemos dónde escoger.
  2. Las tendencias se expanden mucho más rápido: las innovaciones se difunden con mayor celeridad.
  3. Induce la obsolescencia: si los cambios se difunden más rápidamente, siempre habrá pioneros que quieran romper con lo establecido e ir más allá.
  4. Como consecuencia, se acelera la velocidad de las innovaciones.
  5. Quien no quiera ser copiado, tendrá que ingeniárselas para diseñar algo imposible de imitar, lo que le requerirá grandes dosis de creatividad. 
Ya lo véis: si quieres que el mundo reconozca tu obra, no te quedará más remedio que ser auténtico. Ése parece ser el camino ya que, como recordaréis,  nada es orginal.

No es una mala lección para venir de un mundo tan trivial y sin sustancia alguna como la moda, ¿verdad?

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