Liderar en la oscuridad.

Barry Gruenberg nos dejaba hace unos días en Blogging Innovation un post sobre liderazgo que rompe con ese mito del líder como super-persona que toma decisiones difíciles de una manera rápida. Sin embargo, el fenómeno del "juicio apresurado" crea una presión indebida sobre los responsables que puede llevarles a escoger un camino antes de tiempo, incluso cuando se encuentran ante un problema complejo.

Para ser realmente efectivo la clave está, como todo en esta vida, en encontrar el equilibrio. En este caso, se trataría de encontrar el equilibrio entre la necesidad de encontrar una solución única con el requisito de tener en cuenta las distintas perspectivas a tener en cuenta a la hora de analizar una cuestión.

Está claro que se necesita invertir tiempo en obtener una comprensión más robusta de los procesos de pensamiento que hay detrás de las distintas perspectivas en conflicto, lo que ralentiza el proceso de toma de decisiones. Sin embargo, es la vía para encontrar soluciones mucho más robustas.

Disminuir la velocidad no es necesariamente un signo de postergación o de indeción. Más bien, se trata de un signo de sabiduría inminente a punto de aplicarse.

Para tolerar este período de pausa, los responsables tienen que exhibir dos cualidades (al parecer, escasas estos días):

1. Confianza en uno mismo (no bravuconería).
2. Paciencia (no procrastinar).

Desgraciadamente, a medida que las presiones externas desde arriba y abajo se incrementan, los líderes experimentan una tendencia incremental a interiorizar las mismas, provocando la duda, el estrés y una imperiosa necesidad de demostrar su valía.

¿El resultado? Los responsables acaban adoptando soluciones pre-existentes que no se ajustan del todo bien a los retos a afrontar. Deciden rápido, pero las decisiones que toman con demasiada frecuencia son defectuosas.

Ser capaz de resistir presiones para actuar rápidamente requiere que los líderes se mantengan a sí mismo y a los demás comprometidos en el proceso de encontrar una manera de encontrar un camino entre la incertidumbre en lugar de aferrarse a las "soluciones conocidas" que sólo ayudan a empeorar el problema.

Este fenómeno es similar a la clásica historia del borracho que busca las llaves de su coche bajo la farola, a pesar de saber que no es ahí donde se le han perdido: "Sé que no están ahí", confiesa, "pero aquí es donde está la luz".

No es fácil buscar en la oscuridad. Tampoco lo es convencer a otros que se unan a la búsqueda.

Será ese, tal vez, el motivo por el que ser un auténtico líder estos días resulta tan difícil.

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